Ya me quedan pocos días de vacaciones. Todavía queda una mínima posibilidad de que durante estos pocos días que me quedan la vida me sonría en forma de primi-loto, combi-once o lo que fuere. Algo que me permita no reincorporarme y continuar mirando la vida. Así, sin más. Que hoy llueve, pues a ver llover. Que mañana sale el sol, pues a dar un paseo. Que un día se tercia, pues a acercarse hasta Galdakao, a una sidrería que hay en lo alto del pueblo y degustar unos Santiaguiños con salsa de hongos, una ensalada templada de bogavante y un buen chuletón de buey. Todo ello regado con una rica sidra...
Pero ustedes saben (y yo en el fondo también) que dentro de pocos días el despertador volverá a sonar, indiferente, a altas horas de la mañana y que los trenes continuarán siendo de ida y vuelta.
Lo próximo que voy a hacer es adquirir mi bono de apoyo al homenaje que un grupo de buenas personas tributarán a Ramón Acín y a su esposa Concha, que un día de 1936 fueron arrancados de su casa en Huesca y fusilados. Pero sus asesinos no contaban con que nadie muere del todo mientras la memoria permanezca intacta.
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Victor Juan.